Morena y el pacto con el diablo

Por: Daniel Almazán Jiménez

Para entender la victoria de Obrador es necesario entender el triunfo de Fox así como el de varios líderes en el mundo quienes se basaron en diversas estrategias de la ciencia política y para ello, que mejor que citar al padre de esta materia, Nicolás Maquiavelo.

El filósofo y político italiano aseguraba que cuando el opositor era sumamente fuerte incluso más que el propio Estado, una de las principales estrategias era el pacto con él y no la lucha, pues aunque se derrotara al adversario, su fuerza social iniciaría el resquebrajamiento de las raíces del Estado.

Entendiendo esto, la llegada a la presidencia de la república mexicana del ranchero, Vicente Fox Quezada en el año 2000, no fue una sorpresa pues los mexicanos estaban al borde del colapso social luego de varios errores y atropellos cometidos por los gobernantes en contra del pueblo, lo que se convirtió en una enorme presión nacional hacia la clase política y el Estado comparado a una olla exprés a punto de explotar.

Para ello, la ciencia política exigió a México una serie de medidas preventivas al estallido social por lo que se aplicó una estrategia dictada hace siglos por Maquiavelo quien estaba convencido que, en cuanto el interés de la patria o el Estado exigiera traición, ésta se debía cometer pues el filósofo afirmaba que: La grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido…“ inclusive el autor de El Príncipe, sin importarle la moral, justificaba estos crímenes con la siguiente frase: “No es necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en realidad”.

Con esta teoría, se pueden entender diferentes acontecimientos de nuestra historia incluidos, los triunfos de estos dos personajes mexicanos a los que hago referencia.

Por ejemplo en el caso de Fox, el Estado respetó la expresión de los votantes en las urnas para retirar la válvula de la hirviente olla exprés y con ello, liberarla de la presión a la que el intenso calor la estaba sometiendo; en el caso de Andrés Manuel López Obrador, pasó prácticamente lo mismo pues usted lector no me podrá negar la intensa irritación social que provocó el gobierno de Enrique Peña Nieto y los gobernadores del partido en el poder, los innumerables actos de corrupción, los altos índices de impunidad, la desproporcionada injusticia y poca transparencia de los dineros públicos así como el nulo interés del sistema en los más necesitados.

Todo ello avivó el fuego de nuevo y la olla volvió a quedar al borde de la explosión lo que obligó a los dueños del poder, a repetir la historia y aplicarse traición maquiavélica y si no lo cree, ¿cómo se podría explicar entonces la manera aterciopelada en la que se está llevando a cabo la transición? Pues al igual que con Fox, se ya se pactó.

En este caso, la estrategia fue cederle la presidencia a López Obrador pues de esta forma les redituaría a los poderosos, no sólo retirar la válvula como en el 2000, sino destapar completamente la olla hermética para enfriar a la sociedad y la memoria de quienes exigían un cambio verdadero y un mejor país.

Ese efecto maquiavélico de enfriar a la sociedad, es un crimen tan enorme que su tamaño, borrará la vergüenza de haberlo cometido… y lo digo porque el sistema dominante no está cediendo el poder sino sólo uno o varios escritorios dentro del gobierno pues el verdadero poder, nunca ha estará en juego ya que el sector empresarial y los Estados Unidos, por el momento no han dado muestras de querer dejar de mandar en México lo que es exageradamente evidente para todo aquel que cuente con la más mínima lógica política.

Dicha lógica por cierto, no puede entrar en aquellos seres cegados de tanto enamoramiento hacia el personaje de moda, hacia un mesías y único “salvador” que se ha rodeado de demonios que portan máscaras de ángeles con los que capitalizó todo ese calor que se retuvo al interior de dicha olla sellada lo que le facilitó al tabasqueño, usar esa calentura social para cachondearse a cada uno de sus seguidores a quienes vacunó contra la obviedad y moral política.

Hago un paréntesis, política y moral son dos contornos distintos pues se contradicen entre sí pero, la genialidad de Maquiavelo veía los factores morales, religiosos y económicos de la sociedad como fuerzas que un político puede utilizar inteligentemente en favor del Estado y del poder por el poder y entre estos factores, debemos sumar ahora el descontento social que ciega a las masas y las hace vulnerables para su fácil adoctrinamiento, tal y como lo vimos en estos últimos años con el partido de moda.

Por ello, estoy seguro que la amistosa y tersa transición que se está llevando a cabo en estos momentos en el país, no es otra cosa más que toda una estrategia política maquiavélica en la que están participando dos o más personajes no lo sé, pero de lo que si estoy seguro, es que uno de esos personajes es Andrés Manuel López Obrador y ojo, no digo que el líder nacional de Morena sea igual que los demás, pero si me atrevo a decir que el tabasqueño no representa un cambio político ni social de fondo que cambie el rostro del país pues todo aquel que presuma pertenecer a una izquierda real no se desdice de lo que promete en campaña como Obrador tan es así, que parte de sus promesas ya están quedando fuera de su plan de gobierno como el echar abajo la reforma energética y con ello, el gasolinazo por poner un ejemplo, y lo peor, es que el mismo Andrés Manuel ha dicho que una cosa es la campaña y otra es el gobierno.

Sin miedo a equivocarme, percibo durante la administración de Obrador un país igual al que estamos viviendo, es decir, con altos índices de impunidad, con escándalos de alguno integrantes y orgullosos fundadores de Morena envueltos en actos de corrupción por lo que estoy seguro, nunca llegarán aquellos cambios que tanto se vaticinaban con el triunfo de Morena por distintas razones y una de ellas, es que Obrador no ganó el poder, sólo le cedieron un escritorio desde donde podrá sin ningún problema, maquillar aquellas cosas que puedan redituarle más como “político de izquierda” y sirvan para seguir enfriando a la sociedad y poder así, pasar a la historia como un “buen presidente”.

Lo cierto es que al término de su administración, la gente que espera un buen empleo y más dinero en sus bolsillos, estará igual que ahora por lo que volverá salir a las calles a reclamar y ante eso, López Obrador dirá que “la mafia del poder” no lo dejó gobernar… tal y como lo ha dicho incansablemente en cada intento de llegar a los pinos. Lo bueno para él, es que ya tiene a quien culpar de aquellas promesas de campaña que no cumplirá por haber pactado con el diablo.

Estimado lector, cada uno tiene derecho a creer en lo que quiera y en quien quiera de hecho, haciendo uso de ese derecho, en su momento yo creí en Andrés Manuel, pero mi convicción de izquierda y sobre todo, mis ganas de ver y vivir un cambio real en mi país, me obligan a dudar, no del triunfo en las urnas de Obrador, pero si de la transición y de un cambio de estafeta sedoso, agradable, maduro, confiado y alegre, dulce y hasta bondadoso y ojo, no pienso que esto debiera ser violento y sucio pero por lo menos, sí más apegado a la histórica forma de ser del PRI, aunque sea para hacerlo más creíble.

En fin, quizá esa hermandad que ya existe entre el PRI y Morena y que quedó demostrada en el último informe de Peña, está dando tranquilidad a los gobernadores y funcionarios que tienen cuentas pendientes con la justicia por lo que ahora toma sentido aquel discurso de AMLO en el que aseguraba que no habrá perseguidos políticos ni cacería de brujas ni mucho menos venganzas políticas eso sí, habrá amnistía tal vez porque se ha pactado ceder un título nobiliario, una figura y toda una residencia pero no el poder por lo que los empresarios corruptos no verán mermadas sus fortunas y mucho menos, serán tocados ni con el pétalo de un impuesto por lo que este sexenio será lamentablemente para usted y para mí estimado lector, más de los mismo.

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